Hidroeléctrica Itaipú nació sin consulta indígena y sin estudio ambiental Imprimir
Escrito por La nación   
Lunes 15 de Agosto de 2011 00:00

Coordinador Itaipu Pedro MancuelloComo responsable de dirigir Itaipú, la segunda planta hidroeléctrica más grande del mundo, el paraguayo Pedro Mancuello llegó a Costa Rica en busca de planes de agroecología y mitigación del cambio climático. Su objetivo es convertir la megaplanta en carbono neutro. Mancuello compartió con La Nación sobre su experiencia.

¿Cuál fue el reto más grande de construir una represa de la magnitud de Itaipú?

Itaipú, al ser un proyecto tan grande (100.000 hectáreas) implica cambios importantes en el ambiente y en regiones indígenas.
”Además, Itaipú tiene una particularidad interesante y es que surgió como resultado de un grave problema limítrofe que tenía Paraguay con Brasil. Guardando la distancia, es como el problema entre Nicaragua y Costa Rica.

”Entonces, ante ese problema limítrofe se decidió inundar el territorio en disputa y luego se optó por aprovechar esas aguas represadas.

”En aquel momento de gobiernos militares y con un problema limítrofe, la represa surgió como una solución. Pero si hoy tuviera que realizarse de nuevo, tendríamos un problema mucho más complejo”.

¿Se logra realmente mitigar el impacto ambiental y social de un proyecto como este?


Cuando se construyó la represa aquello era puro monte. Después las comunidades fueron indemnizadas y reubicadas. Lo que sí se está evaluando ahora son las poblaciones indígenas que fueron desplazadas. Itaipú tiene fondos para actividades socioambientales.

¿Hay algún canon establecido exclusivamente para eso?

Jurídicamente, Itaipú es un ente que tiene vida propia y se rige por un tratado binacional entre los dos países. En una parte del convenio se establece una compensación que reciben los dos países por el aprovechamiento del río Paraná.

”En Paraguay, los recursos son $200 millones al año. Ahora se está buscando la forma para que esos fondos se utilicen para escuelas, acueductos y obras comunales”.

Aquí tenemos el proyecto hidroeléctrico El Diquís, el cual implica el desplazamiento de casi una decena de comunidades y el uso de una parte del territorio indígena. ¿Qué lecciones aprendidas en Itaipú se podrían aplicar aquí?

En Itaipú en cada área donde intervenimos nos adecuamos a las políticas de Estado. Si es con indígenas, coordinamos con Indi, entidad encargada; si es con caminos, lo hacemos con el Ministerio respectivo. Lo importante es generar un debate, pero se debe tener en cuenta que cada proyecto implica un sacrificio de algo o alguien.

¿Se hizo una consulta previa con los indígenas?


No, porque fue una construcción en tiempos de gobiernos militares y con problemas mucho más graves. Sí se tomaron acciones de mitigación posteriores.

¿Cómo convencer a las comunidades afectadas por estos desarrollos de que tendrán beneficios?

El desafío es encontrar el balance entre el impacto en el ambiente, las comunidades y la necesidad del crecimiento económico y cómo proveer la energía para ello.